3 sept. 2009

De una cita.

Compartimos en citas; descargamos el cliché en esos momentos de velitas para dos y corazones para uno, nos cenamos los pocos centavos en un restaurante decente para variar el trajín de la comida rápida; se declara huelga de celos y se visten trajes diplomáticos, se susurran bombones a los ojos e invocamos el fantasma del poeta que murió con el acné, ablandamos el sístole y el diastole, cambiamos de arquetipo emocional, acariciamos los fósiles de las mariposillas en el estomago, desperdiciamos el agua color champaña...

Galileo nos da un día al año para rendir homenaje a la pubertad, para empañar los vidrios del auto y obsequiar cacao multicolor.

Ese trece de febrero era viernes, mal augurio para mis dos tías brujas... ese día el segundero decidió por mi y no fui hasta ella, no di el ultimo beso prometido. A la mañana siguiente no fui yo y ella fue ella, esa mañana dejamos de ser el dos para ser el uno mas uno en negativo.

Ese catorce de febrero no hubo protocolo romántico ni libreto improvisado, yo iba a brindar por el amor y ahora no puedo ni brindar por la amistad.

Duele no haber tenido un día mas,
duele haber llegado un día tarde,
pero duele mas llegar a tiempo,
al día donde el desamor nunca llega cobarde.

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